Luis Jiménez.- Segundo trabajo de Craig como Bond. Vuelve a improntar su frío registro sin apenas innovar dentro de la faceta del personaje. En un continuo intento (y logro, todo sea dicho) de realizar una especie de “reset” de la saga, volvemos a toparnos con un Bond un tanto atípico, más serio y más cinta de intriga que divertimento, pero vayamos por partes.
Si Campbell nos deslumbraba con su impresionante arranque en medio de la selva y a base de juegos acrobáticos, aquí Foster no se mueve nada mal en una secuencia intensa y de un nivel idéntico. Fuegos de artificio, planos a toda pastilla y movimientos casi imposibles para una secuencia pre-créditos breve e intensa que pone en el asador toda la potencia que un Aston Martin puede dar. Acto seguido otra dosis intensa de adrenalina, por obra y gracia de un Bond más en forma que nunca.
Podríamos decir que este Quantum of Solace parece enlazarse prácticamente después que la espléndida Casino Royale que tanto revitalizó la figura del agente secreto. No hay paradas innecesarias en este viaje, todo tiene su porqué, aunque quizá si que la película adolezca de ciertos excesos dentro de la trama, algo que Casino Royale supo administrar muy bien. Campbell era un ingeniero de las alturas (no sólo con aquella sino también volvemos la vista atrás con GoldenEye). Foster lo es de la fuerza física, con unas escenas de acción magníficamente coreografiadas.
Pero no olvidemos tampoco que esta nueva entrega nos aporta más de la historia “bondiana”, con una trama que recoge lo que se sembró con la primera obra de Craig tras el esmoquin. Se cierra así quizá el capítulo de un inicio casi dividido en dos cintas de una fuerza intensa.
Mención aparte merece el esmerado guión que, salvo algunas partes hacia el final, no deja tampoco mal sabor de boca a pesar de lo simple de la propuesta y de lo superficialmente enrevesado que parece el resultado. Es de agradecer además que se ponga especial atención en las intenciones morales de Bond, algo que antes pasaba casi desapercibido. Podemos darnos cuenta de que Bond tiene su límite, tiene su intención y de que además sigue siendo un arma imparable.
Quantum of Solace da quizá poco de lo que esperan los ansiosos. Sus secuencias de acción (reiteramos en que son espléndidas) escasean en menor medida que en Casino Royale, pero que esto no suponga ningún impedimento a la hora de meternos a verla, porque sino nos perderemos la que podría ser la cinta de acción del año. No olvidemos además que como todo inglés, Bond lo hace con estilo propio y Foster no ha querido olvidar esto, dejando también su impronta como un futuro y prometedor director todoterreno. |