Luis Jiménez.- La relación entre Frank Darabont y Stephen King ha dado en varias ocasiones, películas más o menos aceptables para todos. Ahora han vuelto a aliarse para traernos una de las obras del maestro del terror más celebradas.
Nada que ver con la obra de Carpenter de 1980 (aunque sólo compartan traducción en castellano), La Niebla es uno de esos productos que, en manos equivocadas, hubiera terminado en ser una cinta más del montón, pero afortunadamente ha ido a parar a manos de un obrador del cine que ha sabido sacarle el máximo partido al texto de King y ha realizado una película mucho más que digna y, lo más complicado, entretenida.
Lo que en un principio pueda parecer un simple ejercicico de entretenimiento único y exclusivo, Darabont (aunque el texto de King también) lo convierte en una radiografía humana de nuestras más aterradoras creencias. La idea de pensar que todo tiene una explicación pasa, en esta ocasión, por manos de los distintos y variopintos personajes que pueblan la película. Esta rica visión de puntos de vista es la que hace que La Niebla sea más interesante todavía. Bajo ese delicioso y apetecible aroma a cine fantástico de hace años y una magnífica realización, se esconde el retrato de varias capas sociales que, en esta aterradora y escalofriante paradoja de la sociedad, dejan ver sus verdaderos propósitos. Nos deja claro que lo que más debemos temer es a nosotros mismos.
Ante los escépticos que, llegados a un punto de su vida, no ven más que lo que tienen delante, Darabont coloca a un héroe (no tan héroe, clásico de King) con apenas planteamientos metafísicos y/o racionales sobre lo que tienen delante. Un héroe (bajo la piel de un curiosamente correcto Thomas Jane) que protege a los suyos a toda costa, sin olvidar nunca que todo tiene un fin y que todo tiene o debe, tener una explicación. Frente a ellos la cara más mística reflejada en una ciega fe, y que achaca todo a un supuesto apocalipsis (magníficamente interpretada por Marcia Gay Harden), cuyo personaje llega a despertar en varias ocasiones una auténtica empatía por parte del público. Se la llega a odiar, no sólo por su fanatismo que desemboca en una locura insana y desatada, casi el punto del final de la película.
Cuando todo parece desmoronarse en La Niebla, surgen además secuencias espeluznantes (esa visita a la farmacia) en donde no es miedo lo que aterra sino, como muchas veces sucede, es lo desconocido lo que realmente nos hace temer por nuestra vida.
Cinta maravillosa en muchos aspectos que, esperemos, nos deje bien servidos una vez terminada y que gustosamente podríamos saborear varias veces. Para los que se preguntan lo fácil: bueno, tiene algún que otro susto y la tensión está prácticamente garantizada.
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