Luis Jiménez.- Es bastante probable que Juno entre a formar parte de la lista de películas que agradan a ese sector más bien “cool” de la sociedad que todavía alberga cierta esperanza en cuanto a cine de calidad se refiere (entiéndase por fuera de lo meramente comercial). Es bastante posible también, que con el paso de los años se convierta en una cinta clásica aunque relegada a un segundo término y eclipsada por los auténticos componentes de ese compendio real de verdaderos clásicos. Pero lo que no podemos negarle a Juno es su capacidad para hacerse un pequeño hueco en nuestros corazones.
Rodada con sencillez y simplismo, Juno aglutina sobre todo una consistente historia. Casi como un ciclo vital, Juno nace y muere en ella misma, sin necesidad de alargar lo que no debe ser alargado. En ese sentido la vemos comedida en casi todos los aspectos. Quizá sus mayores carencias residan en tratar de convertirse en un icono para adolescentes, en tratar de reflejarlos de un modo cercano y real. En este aspecto podemos decir que tiene momentos de cierta pretenciosidad pero que rápidamente se esfuman gracias a su narrativa, que sabe perfectamente por donde tirar.
En cuanto al reparto, tanto Page, como Cera, Simmons, Garner o un tanto cuestionable Bateman, están en su justa medida. Page, que es la principal atracción de todo este montaje, monta un interesante personaje, no tan evolucionado como se espera, pero repleto de puntos cómicos y caústicos que la convierten en un pequeño ser por el que pillamos un cierto cariño a lo largo de toda su andanza. No es que se meriende al personal, no vamos a exagerar las cosas, pero su presencia sin duda justifica enormemente el talento de esta promesa y el especial interés que va adquiriendo la película por momentos. Aun así, echamos en falta cierto desarrollo de personajes que parecen anclarse más en el chiste fácil (no tanto en este caso) que en su propia historia.
Aunque de final un tanto descafeinado y bastante previsible, Juno contiene momentos interesantes, algunos de ellos harían esbozar ciertas sonrisas entre el personal de la sala. A esto hemos de añadirle que su factura resulta efectiva en un noventa y nueve por cierto, consiguiendo que, a pesar de sus fórmulas tan políticamente correctas (véase a los americanos como una sociedad totalmente tolerante), logremos posicionarnos con algunos de los personajes.
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