Luis Jiménez.- Con la firme convicción de que Shyamalan es de los pocos directores que hace pensar después de sus películas, hasta la fecha parece haberse rodeado de una especie de halo de misterio con cada una de las películas que plantea. Y la verdad es que nos podemos aventurar a decir que es de esos directores que se permite la mofa popular del respetable por cada una de las historias que nos cuenta, véanse si son más o menos complicadas o más o menos simplonas.
Con El Incidente, Shyamalan demuestra que hasta los más grandes pueden pinchar o que no siempre todo lo que reluce es oro. La película, a nivel de espectador medio, podría entretener a un tanto por ciento quizá algo reducido, pero lo que la hace interesante es su propuesta de contarnos algo sin hacerlo. Amen de unos personajes bastante sosos a los que ni Wahlberg y Deschanel ayudan para nada a alimentarlos, su punto de vista guarda quizá alguna similitud con esas películas de catástrofes en la que seguimos a los protagonistas en una supuesta carrera de vida o muerte (y pongo un ejemplo tan conciso y similar como es La Guerra de los Mundos).
Pero por debajo de esa capa tan superficial, subyace la verdadera esencia de la historia de Shyamalan, quizá la venganza del amigo contra su destructor, quizá el hecho de que todo lo crítico y todo lo caótico nos hace plantearnos nuestra vida (pensamiento y razonamiento tan facilón como caduco, por otro lado).
Personajes por los que pasamos casi de soslayo (ese John Leguizamo tratando de ponernos nerviosos), otros algo menos interesantes (el granjero de las plantas y su mujer) o algún que otro resquicio de interés (el protagonista de la secuencia que cierra la película). Elementos que no deberían pillarnos por sorpresa porque Shyamalan es posible que esté sobrevalorado en su justa medida, es posible que nos haya hecho pasar momentos crudos, pero no deberíamos tolerar su desinterés a la hora de contarnos historias, y aquí parece que su nombre aparece más para hacer taquilla que para deleitarnos con su arte.
Para rematar la jugada, se permite el lujo de regalarnos ciertas escenas (innecesarias, por otra parte) que sin su visión, habrían mejorado considerablemente la cinta y no la hubieran hecho tan sumamente masticable y tal “hollywoodiense”. ¿Estará perdiendo su interés por el cine? Es una pregunta bastante difícil de contestar y muy posible que tras ver El Incidente, uno se pregunte porqué Shyamalan es el único capaz de engañarnos de una forma tan sumamente inteligente. Pero lo cierto es que su cine, aunque a muchos les de sueño, es distinto e interesante, con el Incidente dudo que tengamos la misma sensación.
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