Luis Jiménez. Había pasado algún tiempo desde que Roland Emmerich se había desligado de su cine más conocido, las catástrofes. Tras haber congelado el mundo y habernos sometido a un lento y pesado viaje en el tiempo con su anterior trabajo, 10.000, ahora vuelve con su ramalazo comprometido y nos pretende infundir cierto dogma con esta 2012, siempre eso si y además marca de la casa, con cierto regusto a espectáculo.
2012 es Emmerich clásico, tiene todos esos elementos que le han convertido por méritos propios, en el destructor mundial número uno (en el cine, por supuesto). La familia como eje principal, el poder como compromiso del pueblo, la fragilidad con la que la moral humana se destruye en determinadas situaciones… son ingredientes puramente tópicos pero que con Emmerich siempre resultan efectivos. A partir de ahí debemos dejarnos llevar por lo que nos cuenta, una historia sencilla, sin complicaciones, para entretener y con un plantel actoral que cumple, cosa que Emmerich es lo mínimo que exige en estos casos.
Como toda criatura tiene sus pequeños defectos de fabricación, cosa que Emmerich no parece haber limado ni siquiera en su anterior película, cuyos “peros” prácticamente se calcan en ésta. 2012 se hace un tanto lenta al principio, con escenas a las que parece costarle avanzar. Una historia de este calibre, de este tamaño ¿realmente necesita un inicio tan denso y pausado?, en mi humilde opinión disiento de una respuesta afirmativa. Lo que quizá si ocurra es que parece que Emmerich construye una montaña rusa, una ruta “in crescendo” que se va montando a si misma hasta dar con el resultado final, una impresionante traca de efectos especiales realmente espectacular, aunque quizá hayamos visto demasiado en los tráiler, eso también hay que avisar.
Poniéndonos algo más cinematográficos, 2012 no es reúne precisamente a un plantel de actores de categoría. Emmerich nunca le ha dado excesiva importancia a la cara de sus personajes, sino más bien a su efectividad dentro de la historia. Es por esto que sus apuestas más recientes no han bebido tampoco de grandes estrellas, y aquí no va a ser menos. Tanto el protagonista como el resto de secundarios están muy correctos, en sus respectivos roles no hay quien les tosa. En ese aspecto, Emmerich siempre sabe lo que quiere y salvo alguna que otra pequeña (ya digo que pequeña) escena de vergüenza ajena, el resultado desde su punto de vista es, al menos, satisfactorio.
No tan dogmática quizá que El día de mañana, 2012 es una visión muy espectacular de un fin del mundo un tanto típico. Aquí afortunadamente no existen factores humanos que desencadenen tal hecatombe, pero claro, tampoco se para en explicarnos el porqué de muchas cosas. Quiere que todo pase rápido, a toda velocidad y simplemente que nos quedemos con la espectacularidad de sus efectos especiales. Es muy posible que lo consiga para muchos.
Y finalizo haciendo una pequeña mención a su doblaje en castellano. No lo haría si no hubiera notado cierta dejadez últimamente en los doblajes. Aquí no hay excepción y es que no hay nada más incómodo que escuchar una voz tratando de poner un acento (pongamos por ejemplo de la India) y demostrando menos expresividad que una patata.