Luis Jiménez.- John Carpenter hizo su propio "remake" de Río Bravo allá por el año 76. Ahora alguien ha tomado su relevo en una "revisitación" de este clásico de la filmografía del director de La Cosa. La cuestión es que no se trataba, dentro de lo que cabe, de una tarea muy compleja. La sencillez del filme original hacía previsible en los años de vacas flacas, un remake cuasi calcado. Pero no ha sido así, y con la sana intención de renovar lo hecho, la cosa no cuaja del todo y se queda en un mero producto de acción destinado a digestiones fáciles y con pocas ganas de innovar.
Un neófito en Hollywood como es Richet, se ha dejado llevar en una película llena de clichés y personajes extremadamente tópicos y en su mayoría más lisos que una tabla. Ni siquiera la intervención de actores de decentes carreras como Fishburne, Hawke o Byrne suple la carencia de un guión que podría haber dado mucho más de si, sin la necesidad de inspirarse en el original. La transformación total de la historia aunque manteniendo la esencia, es básicamente lo que ha hecho el guionista DeMonaco (El Negociador) y termina un guión que en sus primeros minutos está pasable pero que empieza un descenso a los infierno y terminar convirtiéndose en una ceniza volátil y muy fácilmente olvidable.
A esta mala pata hemos de añadirle un elenco de secundarios (obviamos a los protas) en donde la presencia de féminas interesantemente atractivas (Bello y De Matteo) se queda en una mera muestra visual y no aporta nada a la historia.
Es pues una lástima que una versión que pintaba interesante de lejos, se quede de esta manera. Es una lástima que esta película con otro director y otro guión hubiera sido menos tópica. Y resultan inverosímiles multitud de las secuencias que en ella se plantean y que tienen poca lógica en su mayor parte. Decepcionante remake.
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