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Dirección
Boris Sagal
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Dirección
Francis Lawrence |
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Remake
El Último Hombre... Vivo (1971) y Soy Leyenda (2007) |
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EL ORIGEN DE TODO, RICHARD MATHESON. Natural de Nueva Jersey, el nombre de Richard Matheson está ligado no únicamente al cine por las numerosas adaptaciones de sus obras, sino sobre todo a la literatura de ciencia-ficción de los años setenta. Su carrera como escritor abarca desde novela hasta relato corto (empezó a publicarlos allá por 1950) y varias colecciones de historias, entre las que encontramos una de sus primeras adaptaciones, El Diablo Sobre Ruedas, filmada por Spielberg en 1971 y que supuso su debut como director (por lo menos para las masas). La novela Soy Leyenda (en inglés The Omega Man, haciendo referencia a que es el último hombre que queda sobre la tierra (recordemos que omega es la última letra del alfabeto griego)) se publica en 1955 y supone su tercera obra en publicarse y la segunda en adaptarse a la gran pantalla. Anteriormente, Vincent Price había protagonizado una primera versión en 1964 (coproducción italoamericana) dirigida por Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, bastante desconocida para el público más convencional. Jack Arnold llevó su novela El Increíble Hombre Menguante, Vincent Ward lo hizo con Más Allá de los Sueños y el guionista David Koepp debutó en la dirección con la obra de Matheson El Último Escalón.
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Tras su paso por series como En Los Límites de la Realidad (The Twilight Zone) o The Night Gallery, el trabajo de Matheson empezaba a ser cada vez más completo. Y tras la adaptación de Soy Leyenda su fructífera carrera era cada vez más interesante. Incluso no perdió amistad con Spielberg, para el que escribió varias historias de la serie Cuentos Asombrosos. Así las cosas, Boris Sagal se hizo cargo de la primera adaptación de la novela de Matheson. Sagal había tenido sus primeros contactos con el escritor gracias a su paso por la serie The Night Gallery, así que no era de extrañar que se hiciera cargo de este proyecto. 36 años después, un joven realizador de videos musicales (Britney Spears, Jennifer Lopez, Janet Jackson, Greenday...) y director de la adaptación Constantine, se hacía cargo de una nueva versión de la historia en la que un terrible virus acaba con toda la humanidad y un único superviviente debe hacer frente al más absoluto de los miedos humanos.
ROBERT NEVILLE. EL ÚNICO PROTAGONISTA. El caché del que gozaba Charlton Heston allá por los años setenta era bastante considerable. Era ya toda una estrella de la gran pantalla, no en vano había protagonizado El Planeta de los Simios, Kartum, 55 días en Pekín, El Cid, Horizontes de Grandeza... una enorme lista de grandes títulos que le colocaban en el punto de mira del reparto para la adaptación de Soy Leyenda. Heston retrataba a Robert Neville con esa frialdad y esa resignación que habían quedado patentes en el texto del autor. Era considerado como un actor todoterreno y aunque muchos tachaban sus interpretaciones como un poco "clónicas" lo cierto es que su paso por la película supuso un título relevante a su ya impresionante currículum como actor. El resto de su carrera también forma parte de la historia del cine. Su compañero de reparto, en este caso su enemigo en la ficción, Anthony Zerbe, se había curtido bastante en series de televisión. Su paso por el cine se reducía básicamente a un papel en La Leyenda del Indomable. Posteriormente su carrera no es que fuera un paseo de flores. Quedó relegado a papeles un tanto flojos (Matrix Revolutions, por ejemplo).
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Will Smith ya llevaba tiempo interesado en el personaje de Robert Neville, por lo que no es de extrañar que la estrella americana se aliase (no en funciones, claro) con el productor Neal H. Moritz (xXx, A Todo Gas o la serie Prison Break) para meterse en la piel del único superviviente en la Tierra. Ya con anterioridad, Scwarzenegger había sido el primer candidato (bajo las órdenes de Ridley Scott) y Smith optó por hacer la segunda parte de Dos Policías Rebeldes antes que ofrecerle a Michael Bay ponerse a dirigir una cinta demasiado intelectual para el director de Transformers. Ni siquiera Guillermo del Toro se ocupó del proyecto ya que tenía en mente la secuela de Hellboy. Nombres como Ted Levine, Tom Cruise o Nicolas Cage se barajaron antes de que fuera el propio Smith quien protagonizase la cinta, bajo la batuta de Francis Lawrence, cuyo currículum cinematográfico se reducía a la odiada-amada Constantine, adaptación del cómic de Garth Ennis y Jamie Delano, Hellblazer.
VAMPIROS. LA GRAN AMENAZA. Entre ambas cintas, hay numerosas coincidencias y algunas divergencias (por motivos de presupuestos, mayormente). En la versión de Sagal, los vampiros son tratados con cierta humanidad, a pesar de su brutal objetivo, acabar con Neville cada noche. Este aspecto, no reflejado con mucha precisión en la novela de Matheson, se suprime favorablemente en la versión que Lawrence hace en 2007 otorgando a los "malos" un carácter mucho más fiero y salvaje. En resumen, los vampiros de Sagal no dan miedo y los de Lawrence sí, y eso es algo a valorar teniendo en cuenta la novela, por supuesto.
Otro de los puntos en común de ambas versiones son aspectos que describen la vida cotidiana de Neville y que ambas versiones reflejan espléndidamente. Hechos como hablar con maniquíes, protegerse durante las noches, recorrer las calles en busca de gasolina, el laboratorio de su casa... se aprecian tanto en la versión de Sagal como en la de Lawrence. |

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Por el contrario, en la cinta protagonizada por Smith se opta por la espectacularidad en varias escenas aunque nada desdeñables, le restan ese halo de caos que se apreciaba en la versión de 1971 y que se deja saborear en la novela de Matheson. Elementos como el acompañante de Neville (la perra Sam), la invasión de la casa por parte de los vampiros, la cacería de ciervos al principio de la película, la evacuación de Manhattan o algunos puntos cómicos en relación con los supervivientes que se encuentra, son aspectos en contra que bien podíamos encontrarle a película de Lawrence, que parece haber bebido del libro pero posteriomente altera estos elementos de forma casi convencional, sin apenas arriesgarse. No obstante, ninguna de las dos versiones desmerece en absoluta. Una por su interesante puesta en escena y protagonista (la de Sagal) y la otra porque es un interesante entretenimiento y espectáculo visual. Como punto a favor, ambas versiones conservan la esencia de que el hombre se autodestruirá en un futuro próximo, esa es además uno de los mensajes del libro de Matheson.
LA ESCENA.
- El Último Hombre Vivo (1971): Ya la mera presencia de Charlton Heston es un aliciente para verla. Si tuviéramos que quedarnos con alguna escena, seguramente sería aquella en la que Neville entra en la tienda y se pone a hablar con los maniquíes (en ocasiones hasta parece que habla al propio espectador). Hasta este momento, la visión del personaje se reducía a un tipo solitario recorriendo las calles de la ciudad en coche. Es un punto de inflexión bastante interesante.
- Soy Leyenda (2007): Aunque sea una escena que no aparezca ni en la novela ni siquiera en la anterior versión, la apertura de la película (después del testimonio de la televisión) con el Mustang recorriendo la ciudad mientras persigue a los ciervos, es todo un espectacular despliegue visual. Esa primera toma de contacto del espectador con el personaje resulta de lo más interesante. La escena en la que Neville persigue a un ciervo hasta que le lleva a un edificio plagado de vampiros también es memorable. |
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Luis Jiménez.
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